(Semanario Serbio)

Kosovo o Unmikistán, el reino de la corrupción, de la ilegalidad y del crimen

Maciej Zaremba, reconocido periodista del muy influyente periódico sueco Dagens Nyheter, esboza un retrato de la incapacidad y los abusos de la UNMIK (Misión de administración provisional de Naciones Unidas en Kosovo-Métochie). Traducido del francés por Beatriz Morales Bastos
Esta misión, la mayor de la historia de la ONU, actúa como “primer Estado de Naciones Unidas del mundo” en el que las fuerzas internacionales no sólo aseguran la paz y el agua, sino que también establecen todo un nuevo orden. Pero en este nuevo orden reina la corrupción y la ilegalidad, escribe Maciej Zaremba tras haber permanecido seis meses en la provincia serbia a la que llama “Unmikistán, país con futuro”.
1.1.2008.
Después de haber hablado con los ciudadanos de Kosovo, con los responsables políticos actuales y los precedentes, así como con los representantes de los poderes locales y de las organizaciones internacionales, de haber hablado de sus informes pero también de todo lo que él vio con sus propios ojos sobre el terreno, Zaremba descubrió con estupefacción las relaciones entre los altos cargos de la UNMIK y la mafia albanesa bajo la protección de Naciones Unidas. A ello se añaden también la enorme cantidad de abusos financieros que no han sido juzgados, los casos de violaciones de los derechos humanos, la corrupción y la incompetencia de los oficiales. Según el periodista sueco de origen polaco, la organización mundial cuyo papel es garantizar la protección de los bienes y de los derechos humanos de los habitantes de Kosovo, preparar los fundamentos de la democracia, asegurar una justicia eficaz y una economía funcional de mercado, ha obtenido unos resultados contrarios a los que estaban programados en su misión. ¡¡Kosovo se ha convertido en una guarida de injusticia y de criminalidad, un lugar sin ley, el centro europeo del comercio de mujeres y de droga !!El reino del mercado negroEn la primera de las cuatro partes que componen su texto “Unmikistán” el autor presenta a los lectores la vida cotidiana en Kosovo. Comenzamos por el aeródromo sobre el que se posa el avión y que está dirigido por la dirección islandesa para la aviación civil, sus servicios de teléfono móvil están asegurados por una compañía francesa con Mónaco como código de acceso. Cada seis kilómetros hay gasolineras, “un record fantástico que, desgraciadamente, sirve únicamente para el blanqueo de dinero del contrabando de droga y armas, y de la esclavitud sexual”, afirma Zaremba.
En las tiendas el jabón es de Bulgaria, las camisas de Taiwán, la harina de Chequia, el agua de Hungría. ¡¡Tras ocho años y 22.000 millones de euros gastados, reina el mercado negro mientras que el mercado legal está completamente colapsado!!
La mayoría de los habitantes sólo tienen electricidad unas horas a día y algunos incluso menos. “¿Cómo, entonces”, nos preguntamos, “mientras que el Estado está dirigido por Naciones Unidas que ha invertido 700 millones de euros en las dos centrales eléctricas en una región tan rica en lignito que podría alumbrar todos los Balcanes, Kosono no puede producir bastante electricidad y, en cambio, contamina el aire 70 veces más que la norma permitida por la Unión Europea?”
Estudiando cómo funciona el sistema en Kosovo, Zaremba comprendió que los altos cargos pagados en exceso por la UNMIK no están sobre el terreno para luchar contra la criminalidad, el mayor azote en Kosovo, porque esa misión requeriría una estrategia, valor, dedicación y responsabilidad, pero “de lo único de lo que se sienten responsables es de sus propias carrereas, en las que Kosovo no es más que otro episodio”.
Así, los siete “gobernadores”, los jefes de la UNMIK, sólo han hablado en sus informes de la estabilidad y de los progresos de la situación. “Era la única manera de mejorar y de hacer carrera”.
“Sería de esperar que esta misión de la ONU fuera como una expedición al polo, con unos objetivos precisos, un mando decidido, medios apropiados, expertos entregados. Teniendo en cuenta los enormes sueldos y el hecho de que para cada puesto hubo 229 candidatos, esto se podría esperar con toda justicia. Pero la misión no tienen ninguna de esas cualidades. ¿Quién puede creer todavía en serio que las fuerzas de policía, compuestas de ciudadanos procedentes de 44 naciones -la mayoría de los cuales provienen de países semi-democráticos- van a arriesgar sus vidas para aplicar el orden y la ley en una región en la que nunca los ha habido?”
Las fuentes británicas confiaron a Zaremba que la sede de las fuerzas de policía de la ONU está desbordada de informes sobre la criminalidad, que nadie ha abierto nunca. “La mayoría de los crímenes no se han investigado nunca, pero, viendo la composición de la UNMIK, ¿quién iba a hacerlo aunque lo deseara?”
La instrucción destinada a enseñar a conducir trenes a los habitantes de Kosovo la hace un “experto” del puerto de Sierra Leona donde el último tren desapareció en 1975. Un guardián de aparcamiento originario de Bangladesh no tiene carné de conducir y sólo habla bengalí . Ha debido de tener un buen enchufe para que lo contrate ONU…
La mayoría de los ciudadanos no confía en los altos cargos de la UNMIK. Zaremba descubrió la razón. “En Francia cada vaca está subvencionada con tres euros al día, mientras que uno de cada dos habitantes de Kosovo sobrevive con un tercio de esta cantidad al día. Si roban a alguien no hay prácticamente ninguna posibilidad de que se encuentre al ladrón, a pesar de que Kosovo tenga el mayor número de policías por habitante de Europa. En los tribunales esperan 300.000 casos no resueltos. Si uno es serbio o gitano, le pueden quemar a uno la casa mientras que los soldados de la ONU miran tranquilamente el incendio. Y esto ha ocurrido muchas veces”.
El Estado de Naciones Unidas y los siete pilares
En la segunda parte del texto de Zaremba, que lleva este título, no se trata de los siete jefes de la UNIMIK, sino de las desgracias de la señora Hisari, una mujer de cierta edad y sin fortuna, que ha perdido su línea telefónica porque el dueño del piso donde vive en alquiler, un tal Jo Truchler, director de la KEK (Compañía de Electricidad de Kosovo) no había pagado su factura de la luz que ascendía a 6.900 euros, es decir, el valor de un salario y medio de media anual mientras que su sueldo como funcionario de la UNMIK asciende a 20.000 euros al mes. La inquilina, desesperada, se dirigió al tribunal, pero se le dijo que el tribunal no tenía competencia alguna para juzgar al personal de UNMIK. Entonces la mujer escribió a UNMIK, que respondió que UNMIK no era responsable de las cuestiones privadas de sus funcionarios.
Mientras tanto le dueño del piso abandonó Kosovo, con 4.300.000 dólares que más tarde aparecieron en su cuenta de un banco Gibraltar. Las investigaciones demostraron que Truchler, a quien se había confiado la dirección de una de las compañías más importante (la misma que sólo suministra a los habitantes unas horas de electricidad al día) había obtenido este puesto falsificando documentos y no era economista ni ingeniero sino un pequeño estafador alemán.
“Quienes no vuelven de Kosovo con los bolsillos llenos de dinero o son idiotas o son santos”, dijo amparado en el anonimato un interlocutor de Zaremba. Otro describió Kosovo como “un Eldorado para los ladrones”, y un tercero le confió que había estado en varias misiones de la ONU por todo el mundo pero que “ninguna estaba tan podrida como la de Kosovo”. Las tres personas procedían de países diferentes y ocupaban o habían ocupado cargos importante en la jerarquía de la UNMIK.
Marie Fuchi, que dirigió la Kosovo Trust Agency en 2003-2004, es categórica: la ayuda que llegó a Kosovo acabó en las manos de la mafia local y se gastaron sumas enormes en actividades que no tienen nada que ver con la economía de Kosovo, pero que, en cambio, han servido para enriquecer a la “nomenclatura” kosovar y a los altos funcionarios de la UNMIK.
En “La historia de los siete pilares”, Zaremba nos explica cómo procedieron. En su país de origen Bo Olsen (el nombre es inventado) era un pequeño empleado y en Kosovo se convirtió en consejero internacional en la compañía de telecomunicaciones PTK. No merece ni la tercera parte de su sueldo (11.000 euros mensuales) pero logra mantenerse gracias a un “buitre”, una albanesa de Kosovo adjunta de Olsen, que “sólo” cobra 1.000 euros, pero que, por otro lado, puede emplear libremente a un número ilimitado de funcionarios extranjeros con uno sueldo diez veces más alto que el suyo, a condición de que Olsen y ella reciban una parte.
El tercer cómplice es un tal Kevin Jeffry, director de la misma compañía PTK. Se trae de Londres a uno de sus amigos como “experto financiero” que recibe 16.000 euros al mes, con suplementos para el coche de servicio y para el privado para los fines de semana, y que como trabajo lo que hace es jugar al póquer por internet durante seis meses.
Aparece el británico Roger Reynolds que por medio de la PTK que le emplea encuentra a la compañía Norway Invest y a cambio de invertir 300.000 euros le procura un contrato con la UNMIK por valor de 10 millones de euros. A continuación deja la PTK para irse a Norway-Invest con un sueldo de 20.000 euros mensuales pagados por el jugoso contrato. La policía financiera italiana (“un rayo de luz en la negra historia de Kosovo”, señala Zaremba) descubre que el director de la compañía noruega que obtuvo el contrato con la UNMIK es un criminal ordinario. Se anuló el contrato, pero Kosovo no nunca recuperó los 300.000 euros.
Para mejorar la distribución de la energía eléctrica en Kosovo, la UNMIK contrata a la compañía irlandesa ESB International para ayudar a la KEK, que tiene 70.000 euros de pérdidas al año, que corta la electricidad a los usuarios cinco veces al día y que consigue que se le pague uno de cada dos kilovatios utilizados. Los irlandeses se quedan tres años, acumulan 10 millones de euros y dejan a la KEK en el mismo estado que la encontró.
Zaremba dedica una parte importante de su texto a Francia. Haciendo referencia a documentos oficiales, indica que en 1999 parece evidente que Bernard Kouchner va a ser nombrado jefe de la misión. El primer ministro [francés] Lionel Jospin y el gobierno francés forman una misión especial para “evitar los errores de Bosnia”, es decir, lograr que Francia recupere una gran parte de la ayuda que envía a Kosovo. Por decirlo claramente, las compañías francesas deben tener la primacía para obtener los mercados en Kosovo. Kouchner se esmeró en ello. Rechazó la propuesta de los expertos locales de confiar la telefonía móvil de Kosovo a Siemens y se la entrega a la sociedad francesa Alcatel . “Resultado: desde hace siete años en Kosovo la telefonía móvil es la que menos prestaciones tiene y la más cara de toda la zona”, concluye el Consejo de Europa. En Kosovo se telefonea, pero todas las veces que se hace, el dinero va a parar a arcas de Francia y de Mónaco, con el beneplácito de la Agencia de Naciones Unidas para las telecomunicaciones, ITU, que “prestó” su número de llamada 0377.
Injusticias repetidas
Zaremba continúa dándonos una larga lista de las ilegalidades, la criminalidad y la corrupción que reinan en Kosovo. Djezide Zodjani, que trabajaba en el ferrocarril, fue despedida junto con otras empleadas después de haber trabajado durante 29 años. La UNMIK echó a mujeres que tenían mucha experiencia en la empresa y las sustituyó por jóvenes que no tenían ninguna. Las mujeres despedidas pusieron una demanda al tribunal contra la discriminación flagrante. Se desestimó su demanda porque “las decisiones de la UNMIK no se pueden poner en entredicho, en Kosovo están por encima de la ley”. La señora Zodjani se pregunta: “¿Es posible que por una parte la ONU nos enseñe unos principios y, por otra, que no se pueden aplicar?”. Y Zaremba precisa : “Así es exactamente como ocurre. Sólo existen dos regiones en Europa en las que los ciudadanos no pueden presentar demandas en el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo: Bielorrusia y Kosovo”.
A continuación el periodista narra el instructivo caso de Bedri Shabani, empleada de aduanas que perdió su trabajo por denunciar un abuso de poder en la aduana. Provista de una documentación irrefutable que probaba que sus jefes habían recibido “propinas” de los contrabandistas, acudió a la policía de Naciones Unidas.
El tiempo pasa y no tiene noticias. Entonces se dirige a los periodistas.
“Era algo muy valiente y acorde con lo que preconiza Naciones Unidas en Kosovo, pero, en cierto modo, irreflexivo porque en Kosovo se mata por mucho menos. En todo caso dio sus frutos. El jefe de aduanas fue encarcelado. Pero pronto quedó en libertad porque en aquel momento el jefe de la UNMIK era el diplomático alemán Michael Steiner que tenía relaciones con la hija de uno de los responsables de la aduana, que era el mejor amigo del jefe encarcelado”.
Shabani escribió al Secretario General de Naciones Unidas, Kofi Anan, porque le habían dicho que el Secretario General era la más alta instancia en Kosovo.
Tremendo error. La pobre Shabani fue despedida. El tribunal de Prístina consideró ilegal el despido, pero el jefe de la aduana de la UNIMIK se negó a aplicar el veredicto del tribunal instaurado por la ONU, que juzga según leyes dictadas por la propia ONU.
En Kosovo hay miles de Shabani y de Zodjani para quienes las Naciones Unidas representan la ilegalidad y la pérdida todas las ilusiones, afirma Zaremba.
Al final de su serie de artículos sobre los abusos de poder en Kosovo, Zaremba advierte a sus lectores: “Si ustedes creen que estos problemas no tienen relación alguna con ustedes, permítanme que les informe de que la mafia de Kosovo vende heroína en Kalmar (puerto sueco), Saint Saint-Denis, Lyon etc., y hace tráfico de mujeres en Oslo, Paris, Londres etc. Y según todas las apariencias, la mafia patrocinará el gobierno de Pristina cuando esta región obtenga su independencia” … ¡Si la obtiene!
Los valientes suecos
Un punto positivo en la sombría descripción de Zaremba fue la defensa de Caglavica y Gracanica, el 17 de marzo 2004, por soldados suecos.
Bajo el título de “La valentía, el valor y las polainas”, el periodista se indigna porque a pesar de la presencia de 17.000 soldados de la OTAN y 4.000 policías de Naciones Unidas, 200 extremistas albaneses hayan podido provocar disturbios en los que murieron 19 personas, 900 resultaron heridas, se destruyeron una treintena de iglesias y se quemaron 700 casas.
Cuando lo albaneses empezaron a tirar cócteles Molotov contra un monasterio del siglo XIV, enviaron un mensaje a los soldados alemanes de que no les tocaría un pelo si abandonaban su posición, pero que de lo contrario iban a sufrir. Lo alemanes retiraron sus vehículos blindados y miraron cómo ardía el monasterio. Su comandante, el general Hölger Kamerhof, explicó que los soldados habían seguido el reglamento que prescribía salvar vidas humanas y no los edificios. Los franceses hicieron lo mismo con el monasterio de Devic que estaba bajo su protección, lo mismo que todas las casas serbias de Svinjare, relata Zaremba.
El destacamento sueco, bajo el mando del coronel Hans Hekanson, y en el que había soldados checos, finlandeses, eslovacos e irlandeses, intervinieron como les dictaba su conciencia. 35 soldados de 700 resultaron heridos, pero defendieron valientemente Caglavica y el monasterio de Gracanica.
El valor del coronel y de sus 20 soldados fue recompensado con la medalla al valor sueca y su comandante, el general Anders Brenstrom, fue condecorado por la OTAN.
Traducido del sueco al francés por Vera Uskokovic.
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