KOSOVO NO SE VENDE

Nuestro amigo Ricardo Angoso nos vuelve a facilitar en exclusiva para Kosovo No Se Vende, otro capítulo de su libro “Kosovo. Las semillas del odio“, en esta ocasión sobre los desaparecidos serbios en Kosovo.

Podeis adquirir un ejemplar de este libro, altamente recomendable, solicitándolo en vuestras librerias, o a través del siguiente enlace: http://www.plazayvaldes.es/libro/kosovo-las-semillas-del-odio/1300/

Los desaparecidos de Kosovo, mayoritariamente serbios.

Si bien es cierto que desde hace algunos años varios colectivos políticos y humanitarios albaneses claman por la libertad de unos 800 presos políticos albano-kosovares, no es menos cierto que en la actualidad hay unos 1.300 serbios desaparecidos en Kosovo. Un muro de silencio, cuando no de censura, impide hablar de estos casos, pues pone en evidencia a las sacrosantas Naciones Unidas y a su brazo militar en la región, nuestra inútil Alianza Atlántica.

Según informaba la periodista serbia Vesna Peric Zimonjic, citando fuentes de las Naciones Unidas, desde junio de 1999 han desaparecido más de 1.300 serbios que “sólo están vivos para sus familias”, que tienen que soportar “un voto de silencio” que impide conocer la verdad, y que no pueden poner en conocimiento de las organizaciones internacionales los casos en cuestión por temor a la represión de los radicales albano-kosovares y por el desinterés de las ONG,s occidentales hacia las cuestiones que atañen a los serbios.

“Todo el mundo sabe de la suerte de los albaneses, pero poco se dice de lo que paso con los serbios”, afirmaba recientemente Ranko Djinovic, presidente de la Asociación de Familiares de Serbios Secuestrados y Desaparecidos en Kosovo. Por temor a las brutales represalias por parte de los radicales albaneses, miles de serbios huyeron de Kosovo tras la intervención de la OTAN y otros miles lo han hecho después, tras la supuesta pacificación de la región. Nadie los nombra, pero entre las dos terceras partes de los serbios que ya no viven en Kosovo, hay un grupo, el de los desaparecidos, que son los grandes olvidados por nuestra sacrosanta comunidad internacional y un sinfín de sinvergüenzas sin fronteras que operan en este maltratado y paupérrimo territorio.

Aunque, a veces, conviene citar a los que no están, como Mladen Miric, de 50 años, visto por última vez el 29 de junio de 1999 en la capital, Pristina. Miric intentaba llegar al monasterio ortodoxo de Gracanica, donde debería haberse unido a una caravana que partiría hacia Serbia. Se cree que al igual que el resto de desaparecidos serbios esté en una de las muchas “prisiones” no oficiales y toleradas por la OTAN que posee el Ejército de Liberación de Kosovo (UCK). “El se sentía seguro, nunca usó armas”, señalaba Slavica, esposa de Miric. “Era pintor y diseñador y estaba a cargo de un monasterio de 800 años”, agregó su esposa recientemente.

Pero la experiencia demuestra, tal como han reconocido las mismas Naciones Unidas, que al final los desaparecidos tan sólo están vivos en la memoria de sus seres queridos, pues muy pocos han regresado o han sido liberados por sus captores. En los últimos años, y como muestra del fatal desenlace que suele acompañar a estos casos, la UNMIK –misión de Naciones Unidas para Kosovo- han conseguido recuperar unos veinte cadáveres y entregárselos a sus familias.

Un caso realmente desgarrador es el de la familia de Pavle Kostic, quien busca a 14 de sus parientes que desaparecieron sin dejar rastro de la aldea kosovar de Orahovac y que pudieran estar recluidos en algunas de las “prisiones” albanesas. La desfachatez de sus captores llegó al extremo de enviarle un supuesto abogado para negociar la libertad de sus familiares a cambio de 10.000 dólares por pariente. También se han dado casos de sonoras estafas de estos supuestos negociadores que trafican con los intereses de la gente y no tienen ningún tipo de escrúpulos.

Mientras miles de prisioneros albaneses ya han salido de las prisiones yugoslavas, los desaparecidos serbios siguen sin aparecer y la incertidumbre entre sus familiares, cuando ha pasado ya un cierto tiempo desde las primeras desapariciones, va en aumento. Asociaciones de derechos humanos serbias e investigadores privados buscan algún rastro de los desaparecidos y tratan de determinar el lugar exacto de los lugares donde pudieran estar ocultos, aunque sin resultados prácticos sobre el terreno y sin conseguir encontrar a las víctimas. Las Naciones Unidas y la OTAN, como era de prever, tampoco pueden hacer nada, más que unir a sus habituales condenas retóricas su vergonzosa pusilanimidad ante los nuevos verdugos.

Ahora, cuando muchos de los antiguos criminales de guerra en Yugoslavia están siendo juzgados por el Tribunal Penal Internacional en La Haya, sería un buen momento para que también fueran llevados ante los tribunales los responsables de todo lo acaecido en Kosovo hasta ahora. Pero, casi con toda seguridad, este proceso nunca se llevará a cabo y actos como estas desapariciones nunca serán juzgados. Los vencedores en esta injusta guerra contra el pueblo serbio han impuesto esta paz sin justicia, este armisticio sin perdón que ha condenado a todas las etnias no albanesas de Kosovo a este suplicio interminable ante el cual tan sólo queda como única salida la huida. Se impone, como vemos, el espíritu de la Tribu.

Por último, y como nota final, recordar que el mismo jefe de las Naciones Unidas para los desaparecidos en Kosovo, Pablo Baraybar, reconocía que el número de desaparecidos albaneses podría llegar a los 2460, mientras que el de serbios a los 670 –algunos encontrados recientemente en fosas comunes, según mis últimas noticias- y otros 203 atribuibles a otras minorías. En cualquier caso, dado el descontrol, el desconcierto, la corrupción y el nepotismo que caracterizan a esta misión de la ONU, los datos debemos de leerlos con pinzas y ser cautos. Eso sí, al menos reconocen que el 20% de los desaparecidos son serbios, cuando del actual censo del Kosovo tan sólo el 5% pertenece a esta etnia. Y otro asunto: ¿no habían dicho nuestros medios que podían haberse producido hasta miles de desaparecidos en el conflicto de Kosovo? ¿Quién orquestó tanta mentira para justificar tanto dolor?

Ricardo Angoso

Kosovo. Las semillas del odio

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